Argumento Acto I

acto I

Boceto para la mirada atenta en el cuadro incomprensible, 2012

Ir tras las huellas de un extravío no es ir tras un asunto individual: irremediablemente lleva a cruzarse con quienes éste se ha tramado, a descubrir un errar al mismo tiempo colectivo y particular. Proponemos, pues, en este primer acto  desplazar el foco de nuestro abordaje del particular extravío de Iris hacia su articulación familiar y social.

Por este camino volvemos a leer algunas de las propuestas formuladas por Lacan: tempranamente, cuando subraya el papel de las tensiones sociales en las cercanías de un pasaje al acto; en 1975, momento en que sostiene que “cuando un sujeto anuda de a tres, el imaginario, el simbólico y el real, (y este anudamiento) no se encuentra soportado más que por su continuidad, el imaginario, el simbólico y el real devienen una sola y misma consistencia, y en esto consiste la psicosis paranoica”[1].

Extraviada fue un libro que recogió fragmentos de la historia y escritura de Iris Cabezudo, su familia, y muchos otros. Por efecto de los poderes psiquiátrico, periodístico, policial y judicial, esos escritos habían sido tanto registrados como archivados, desaparecidos y olvidados. Archivados, vale decir, ordenados de cierto modo según el saber y poder que en cada situación estuvo en juego.

Los trabajos que aquí se presentan cuestionan las modalidades de respuesta que recibió en algunas de esas oportunidades la locura localizada en Iris, para también mirar al sesgo los actuales agenciamientos institucionales que hacen un abordaje de la locura con los lentes de los trastornos mentales.

Pero -y esto es un asunto de método-, ¿cómo tratar hoy de otro modo a esos archivos? ¿Cómo no atrapar “su mal”? “Mal de archivo”, como lo formuló Jacques Derrida[2]. Cotejado con ellos, Michel Foucault supo interrogar el pasado desde el presente.

Si a partir de Sigmund Freud la razón archivante se vio envuelta en un seísmo, podemos tras su huella, encontrar quizá una desestabilización creadora en el desmontaje de sus ordenamientos, en el develamiento de sus hiatos.

Desmontaje-montaje, es el camino que aquí ensayamos. Esta noción de montaje la tomamos de Georges Didi-Huberman, quien la define así: “es la posibilidad de construir un saber en ese movimiento de yuxtaposición (de textos e imágenes), esa posibilidad vertiginosa del « montaje por atracción », posibilidad tan peligrosa como fecunda.[3]

De modo fragmentario nos aventuramos por este camino al que nos invita también la producción pictórica de Virginia Patrone. En efecto, una práctica del psicoanálisis que apunte a cierta manera de abordar las múltiples formas de extraviarse, y al trato con los rasgos diferenciales de esas experiencias, requiere -tal como Lacan incitaba a hacerlo- inspirarse en el quehacer de los artistas.

[1] J. Lacan, Seminario Le sinthome, sesión del 16 de diciembre de 1975. Recuperado de: http://www.ecole-lacanienne.net/stenos/seminaireXXIII/1975.12.16.pdf

[2] J. Derrida, Mal de archivo, 1994. Recuperado de: http://www.jacquesderrida.com.ar/index.htm

[3] Georges Didi-Huberman, Prefacio al libro de Philippe-Alain Michaud, Aby Warburg et l’image en mouvement, Ed. Macula, París, 1998, p.14.