Las Catacumbas. Un templo del ojete (Gayle S. Rubin)

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El escritor Henri Michaux llamaba a quienes consumen drogas alucinógenas “herejes de la sensación”, en alusión al particular erotismo que ponen allí en juego. En cierto sentido, lo mismo aplica para las disidencias o los “herejes sexuales” que, poco antes de la aparición del SIDA, se encontraban en un local norteamericano llamado “Las Catacumbas” y que Gayle Rubin describe de forma tan lúcida como jugada.

Antropóloga cultural, activista feminista y profesora en la Universidad de Michigan, Rubin participó en la fundación de Samois (primer grupo de lesbianas S/M) y The Outcasts (organización social y educativa para mujeres interesadas en el BDSM, es decir, bondage, disciplina, sadismo, masoquismo). En El tráfico de mujeres: Notas sobre la “economía política” del sexo, texto hoy de referencia, ha ensayado, a partir de una lectura de Marx, Lévi-Strauss y Lacan, una definición del ¨sistema sexo/género¨ ampliamente retomada, por ejemplo, por Donna Haraway y Paul B. Preciado.

El artículo que aquí traducimos por primera vez al español, brinda un valioso testimonio tanto de la micropolítica del deseo en la cultura leather (es decir, del cuero), de la diversidad de prácticas sexuales “no convencionales” (kink) que se realizaban en San Francisco a mediados de los setenta, y que hoy se encuentran cada vez más extendidas en nuestra región, bajo el nombre de BDSM, fist-fucking (penetración con el puño) y chemsex (sexo químico), como de las estrategias de estas comunidades alternativas a la hora de enfrentar las érraticas políticas sanitarias en tiempos de pandemia.

 

Screenshot_20210308_131826Hamaca sexual de Las Catacumbas (foto: Larry Olson)