Neutro: ese lugar cuya realidad no está en ninguna parte

Verónica Diez
Edición al cuidado de José Assandri
Nos interrogamos aquí sobre la articulación de ‘lo neutro y el lugar’ desde la perspectiva del filósofo Louis Marin y la lectura del libro de Annie Ernaux La otra hija.
En su libro póstumo Vitalidad de lo neutro, neutralidad de lo vital, Jean Allouch aborda la noción de lo neutro. Antes de citar este verso de Stéphane Mallarmé —“Nada habrá tenido lugar salvo el lugar”—, Allouch propone para este lugar, denominado “lugar del Otro”, el nombre de “neutro”. Escribe: “Lo simbólico no es, en sí mismo, lo neutro; lo neutro es su lugar” (Jean Allouch, 2024, p. 53). Compara lo neutro en relación a la ‘no-persona’ que es una categoría utilizada por Émile Benveniste. La noción de persona, según Benveniste, es propia al Yo/Tu, y está ausente en il, pronombre personal utilizado para la tercera persona, pero también pronombre impersonal, como es el caso en la frase Il pleut. En español, no usamos un pronombre, sólo el verbo: Llueve. Es en relación a los lugares de esta ‘no-persona’ que Allouch propone diferentes perspectivas.Sus referencias son las obras de Maurice Blanchot (1975), Louis Marin (1975), Roland Barthes (1977-1978).
George-Henri Melenotte reformula esta propuesta de Allouch en su artículo titulado “De lo neutro como lugar”, publicado en la revista neutre nº 1 (2024, en línea). El autor hace un comentario sobre un fragmento del libro La otra hija de Annie Ernaux que me interesa retomar. Sensible a esta problemática intentaré aquí reflexionar sobre esta relación entre “lo neutro” y “el lugar”, basándome en las elaboraciones de Louis Marin. Tanto sus elaboraciones como la lectura del libro de Annie Ernaux nos permitirán interrogar esa articulación.
En una primera sección, haremos referencia al libro Utópicas: juegos de espacios (1975a), donde Louis Marin propone entender lo neutro como un “no-lugar”, o dicho de otro modo, como ese lugar cuya realidad no está en ninguna parte. El texto de Annie Ernaux pone en evidencia ese ‘lugar’ bastante indiscernible de lo neutro a partir de un intervalo que será el objeto de una segunda sección.
Lo neutro
- El no-lugar
Desde las primeras páginas de Vitalidad de lo neutro, neutralidad de lo vital, Allouch cita, de La Critica del discurso, esta pregunta de Louis Marin:
La única pregunta es si esta operación retórica de neutralización del sujeto de la enunciación es posible; ¿podemos constituir una manera de decir o de escribir que no sea […] aquella de un sujeto como potencia de la afirmación propia de un yo […]? (Allouch, 2024, p. 106; Marin, 1975b, p. 19).
Subrayamos que, lo neutro, es relevado aquí como una ‘operación retórica de neutralización’.
Ahora bien, la noción de lo neutro en la obra de Louis Marin aparece diseminada en varios de sus textos. En tres de ellos, al menos, se presenta la relación de lo neutro y el lugar. Primero, en Utópicas: juegos de espacios el filósofo aborda lo neutro desde el punto de vista de la práctica literaria y de la práctica utópica, es decir, desde el punto de vista de las figuras “textuales” cuya realidad empírica no se encuentra en ningún lugar. El libro y la utopía (u-topos: no lugar) son aquí equivalentes a esos lugares de ficción sin correlato en este mundo, ya que construyen otro. Sus utópicos son figuras discursivas del espacio, lugares del discurso (tópicas). La fuerza que anima la utopía es fundamentalmente crítica y deconstructiva (Mayo 68). Segundo, en La parole mangée et autres essais théologico-politiques, lo neutro es puesto en relación a la pintura y a la distancia entre el cuadro del rey y el cuerpo ‘real’ del rey, donde se muestra como la neutralización opera restando la fuerza a lo real del cuerpo del rey. Finalmente, en Fini & Infini. Le genre humain, Marin precisa la zona de lo neutro como borde, limite, orilla.
Marin usa la noción de neutro con una cierta flexibilidad, la desplaza y la extiende. Pero nunca la fija. Habla de lo “neutro” como contradicción, fuerza neutralizadora o como diferenciación de los contrarios, y también como un equilibrio encontrado a partir de esa misma contrariedad[1].
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En Utópicas: juego de espacios, más precisamente, Louis Marin vincula la noción de lo neutro a una potencialidad productiva y opaca. Este es un punto esencial porque marca una lógica de la opacidad recubriendo toda forma y acusando cualquier pretensión de transparencia. Hace del neutro una fuerza, sin agente, que inviste o produce un espacio no predeterminado. Una fuerza que Marin enlaza a los verbos infinitivos (esos infinitivos que Fernand Deligny sabía tan bien utilizar). Partiendo del ejemplo de las prácticas utópicas, Marin aborda, luego, una definición más abstracta de lo neutro:
Etimológicamente, ne-uter, ni lo uno ni lo otro, la gramática lo especifica como lo que no es masculino ni femenino, ergo, fuera de género, con lo que no es activo ni pasivo, ergo, fuera de voz. […] De igual modo, en gramática se denominará verbos “neutros” a los intransitivos que expresan una acción en sí misma, sin ningún régimen, y a los cuales es imposible darles un complemento de objeto, como “marchar” o “morir”. Estos verbos expresan una acción que se aplica al sujeto y que, producida por él, retorna a su foco de producción para determinarlo. (Utópicas, 1975a, pp. 18-19)
“Ni lo uno ni lo otro”: la zona neutra sería la de una doble negación y de la distancia tomada respecto a esa conjunción. Doble tachadura, dice Marin, doble proceso negativo al que lo neutro no se reduce. (Marin, 1975a, p. 18)
Por una parte, esa distanciación entre lo uno y lo otro es también una operación productiva del límite (p. 39), de la diferenciación de lo uno y lo otro: “como si lo neutro fuese no solo otro lugar (ni lo uno ni lo otro), sino también lo otro del lugar (el no lugar, la u-topía)”. (Marin, 1975a, p. 19).
Por otra parte, esa doble negación resulta inquietante porque introduce de golpe en el discurso un espacio vacío (y no vaciado) a través de la cual se vislumbra, en un instante, la contradicción de lo imposible de captar, dice Marin (Utópicas, 1975, p. 21). El término neutro aparece, entonces, entre lo uno y lo otro, entre lo que falta a uno y lo que falta al otro, dibujando de ese modo el contorno de una zona vacía. El neutro sería entonces la forma más débil, el “grado cero”, de una síntesis dialéctica entre los contrarios (Ver Marin, 1975a, p. 32).
Es sabido que el grado cero de la escritura es una expresión de R. Barthes que da como título a una de sus obras. Ese grado cero se refiere a una teoría lingüística, según la cual, una oposición significante puede ser neutralizada por un tercer término llamado “grado cero” (notemos la presencia de lo ternario en este asunto). Así pues, si pensamos lo neutro en relación al lugar, lo neutro no se puede entender como un lugar u otro, sino al modo de un tercer elemento ‘faltante’: “el otro del lugar: el no-lugar”. Un ‘otro del lugar’ porque no es localizable en una exterioridad, no tiene anclaje en una existencia concreta (como es el caso de la ‘no-persona’). Un no-lugar[2], entonces, pero que podría adoptar la forma del intervalo, cada vez que se confrontan, en una experiencia, vivencias contradictorias.
B) Una potencia opaca
Nos alejaremos aquí del “lugar” o “no-lugar” de lo neutro para centrarnos en la capacidad de neutralización: la potencia de lo neutro. Es ella la que hace indecidible toda posición. Esta potencia opaca es precisamente la que nace de la abstención de plantear la más mínima tesis sobre la existencia. No se niega o se afirma un fenómeno, sino que se suspende la creencia o el juicio sobre el mismo y se mantiene la contradicción de ambas posiciones. Esta potencialidad puede manifestarse a distintos niveles y según diferentes modalidades. La neutralización puede ejercerse en una experiencia vivida, en la práctica literaria, en un fenómeno estético, en el lenguaje, y por qué no, también en el análisis.
En pintura, por ejemplo, podrá aplicarse a la imagen, al soporte o al texto. Marin aborda en La parole mangée, por ejemplo, la “neutralización” del “cuerpo real” del rey en el retrato del Rey. La neutralización aquí opera restando la fuerza misma de lo “real”, suspendiendo la creencia en ese real del cuerpo del rey, el cual, queda situado “sobre otro horizonte cuya característica esencial es que no está dado, ni establecido, ni percibido” (Marin, 1986, p. 214). Marin aborda aquí el problema del poder y la representación, entre el rey de representación y la representación del rey. Distancia irónica que marca la diferencia entre el cuerpo real del rey, las investiduras propias del poder en su función de representación y el retrato del Rey. El cuerpo del rey encarna la figura del Rey y en ello el rey se desvanece: “Pero a ese desvanecimiento, el “rey” habrá ganado una mayúscula, el Rey.” (Marin, 1986, p. 196)
Dos cuestiones son a resaltar aquí. Primera, la neutralización aparece ligada a la suspensión de la creencia. Se suspende la creencia, el juicio y ‘el tiempo’. En referencia a una intervención de Lacan, Allouch afirma: “Esa intervención resuena con la fórmula barthesiana, según la cual, el tiempo suspendido es “una definición de lo neutro mismo” (un neutro que entonces caracteriza también esa paciencia del psicoanalista recomendada por Freud); es un tiempo para comprender…” (Allouch, 2024, p. 85). La suspensión de la creencia al igual que la suspensión del sentido preservan el vacío del intervalo. Segunda cuestión, si extendemos el ejemplo de la neutralización del ‘cuerpo real’ del rey a una experiencia vivida de los simples mortales ¿no vislumbramos acaso una capacidad de la forma humana para convertirse ella misma en un lugar impersonal, como si estuviéramos ‘habitados’ por una inquietante zona de lo vivo[3]?
Finalmente, quedaría por desentrañar una aparente contradicción entre la potencia productora de lo neutro y el hecho de que lo neutro esté vinculado a la inacción, al igual que la pasividad[4]. Louis Marin distingue dos enfoques de lo neutro: el de la “neutralidad”, entendida como el encubrimiento ideológico del poder de la institución o de la dominación de clase, y el de lo “neutro” como contradicción, fuerza neutralizadora o como diferenciación de los contrarios. Ahora bien, hay que subrayar que esta fuerza neutralizadora no es una acción. Marin escribe: “Su poder consiste en despojar a cualquier posición de su fuerza propia, en introducir la acción en el mero pensamiento de actuar, en convertir los procesos y las calificaciones del verbo en infinitivo.” En otras palabras, esta potencia que subyace al discurso sin estar presente en él, impulsa pasajes y transformaciones subjetivas: de la acción al pensamiento, de la conjugación pronominal a los modos infinitivos (sin agente, sin objeto).
Como ya lo mencionamos, Allouch toma un apoyo decisivo en Louis Marin y cita de La critique du discours esta frase magnífica del filósofo: “La única cuestión es saber si esta operación retórica de neutralización del sujeto de la enunciación es posible; ¿acaso se puede constituir una manera de decir o escribir que no sea o no se parezca a la de un sujeto como potencia de afirmación propia de un yo […]?” (Allouch 2024. p. 106; Marin, 1975b, p. 19).
En esa misma línea, Allouch escribe que el análisis no orienta hacia una singularidad personal, sino que ofrece un acceso a una singular vitalidad.
No es hacia su inefable singularidad (un “yo [je]”, un “yo [moi] yo [je]” […] hacia donde el análisis, liberado de su psi, orienta al sujeto […], más bien le ofrece un acceso cada vez más puntual y más libre a esto [cela], a ese ahí [ce là], a eso que lo determina y de lo que, de entrada, no tiene mas que signos diversamente molestos y/o gozosos. (Allouch, 2024, en español, p. 53)
Notemos que ese lugar al que un análisis abriría no es descripto como un lugar de saber o de verdad o de una verdad que deviene saber (más cerca de una idea de la espiritualidad). Allouch escribe que el analista ofrece al sujeto ‘un acceso cada vez puntual’ a aquello que lo determina. Y, más adelante en el mismo texto, precisa:
Esa vitalidad que puede ofrecerles a algunos un spychanalyse reanuda con aquella del niño afrontando, de manera aplicada, ligera y divertida, las pruebas que la vida le presenta. […] Apostar por la vida, dice, ¡ya es haberla perdido! (Allouch, 2024, en español, p. 88)
Entonces aquello que ofrece un análisis se presenta aquí como una especie de desfiladero o pasarela[5] hacia una cierta vitalidad. Esa vitalidad no es sin un efecto de subjetivación, es decir, una transformación que se realiza pasando por el lugar de la alteridad, que nos desliga del peso del sentido para anudarnos diferentemente a una vitalidad más alegre o, al menos, más ligera. Una subjetivación, entonces, que no implica una afirmación identitaria ni sobre la persona ni sobre el lugar.
Intervalo
En este fragmento de Annie Ernaux de La otra hija, ella cuenta una visita a su casa de la infancia:
Miraba la cama, intentaba sustituirla por la de los padres, ver junto a ella la camita de palo de rosa. No me habitaba ningún pensamiento concreto, sólo “es aquí”. Me embargaba una extraña sensación de plenitud, mezcla de sorpresa y satisfacción sombría de estar ahí, en ese lugar preciso del mundo, entre esas paredes, junto a esa ventana, por ser esa mirada que contempla la habitación donde todo comenzó para la una y la otra, primero para una y después para la otra. Donde todo se fraguó. La habitación de la vida y la muerte bañada por esa luz de ese atardecer. El lugar del enigma del azar. En estos momentos veo el cuarto luminoso del pasado mes de abril, y hasta noto la molesta presencia de la propietaria a mi lado, y el calor, o me hallo en el otro, crepuscular y me siento confusa, como una pequeña sombra tumbada entre los paneles de mi camita de bebé. El primero, donde no hay ninguna vivencia, desaparecerá por sí solo en un plazo más o menos breve, como siempre sucede en mi experiencia; de hecho, ya he olvidado el color de la colcha, los muebles. El otro es indestructible. (Ernaux, 2023, pp. 85-86)
Annie Ernaux describe un momento muy particular de esa visita. Habla de su habitación y de un encuentro entre un espacio que, en su infancia, estuvo habitado y la actualidad del recuerdo de una escena vivida en ese lugar. El espacio de la habitación visitada proporciona, en cierto modo, un soporte material a la escena evocada. Pero, al mismo tiempo, se produce una distanciación entre el espacio real de la habitación y la escena, es decir, entre “el aquí” y “el ahora”, “el allí” y “el entonces”. Es “allí” y no “aquí”, “antes” y no “ahora”. La frase “sólo es aquí” sugiere que es el valor de la habitación el que ha caído y no el de la escena, que, según la autora, sigue siendo “indestructible”.
En su visita, ella no da otro sentido, a ese lugar preciso del mundo, más que un: “es ahí”, un simple “c’est juste là”. Una simple puntuación del espacio para un encuentro tan buscado. Ello hace sentir que algo ahí acontece, aún, bajo esa apariencia insignificante (infra-ordinaria, diría Perec) o quizás gracias a ella.
Allouch escribe: “El kairos es otra cosa que una ocasión de ejercer un dominio. Ello excluye aquello que entonces importa: el acontecimiento. Solo hay lugar en presente, en presencia”. (Allouch, 2024, en español, p. 76).
Un acontecer, en el sentido más humilde del término, es un accidente, un desgarro en el tejido discursivo. Es aquello de lo vivido que el discurso no puede alojar (Ver Marin, 1975, pp. 20-21).
Sensible a este acontecer y al poder de atracción del lugar, intento entender ¿por qué esa habitación visitada, en ese día de abril, podría calificarse como un lugar ‘neutro’? Por una parte, podría decirse que lo neutro se filtra, en cierto modo, en la suspensión del pensamiento y del sentido. Pero, por otra parte, si lo neutro es inaprensible, indefinible, entendemos que ese calificativo no correspondería exactamente ni a la habitación ni a la escena.
Es, en este punto, que nos interesa el aporte de Louis Marin por la indeterminación en la que hace jugar esa ‘espacialidad llamada neutra’ (más cerca del spatium que del extensio). Esa espacialidad puede adoptar bajo su pluma la forma de un intervalo. En este fragmento, por ejemplo, la distancia entre una escena y la otra podría ser considerada desde esa perspectiva.
El valor a dar a ese intervalo es el de una experiencia en bloque que nos hace sentir que el propio lugar nos mira[6] en la dislocación que implica esa distancia. Este lugar es paradójico porque se sitúa en una zona nebulosa entre el contacto y la distancia, entre el aquí y el allá, entre el ahora y el entonces. No se trata tanto de un lugar fijo sino de la puesta en movimiento del lugar. Annie Ernaux lo formula así: “Aquí, a veces veo la habitación luminosa del pasado mes de abril, siento la presencia inquietante de la dueña a mi lado, el calor; otras veces estoy en la otra, crepuscular, confusa, como una pequeña sombra alargada entre las paredes de mi cama de niña.” (Nosotros subrayamos)
En ese movimiento del lugar se entreabre un tercer espacio. Ella escribe: “Miraba la cama, intentaba sustituirla por la de mis padres […] donde todo se jugó [¿la habitación de su vida pasada?] […] donde no hay ninguna vivencia [¿la habitación visitada de abril?][7].” Aquí se hace patente la contradicción entre el hecho que es allí donde ‘todo se jugó’ y es allí ‘donde no hay ninguna vivencia’. Entonces, ese lugar preciso que es su casa de la infancia, al mismo tiempo no lo es. Ella intenta sustituirlo por aquel donde ella vivió. Se trataría, entonces, de al menos tres espacios: la habitación del pasado (irremediablemente perdida), la habitación clara de abril (prometida al olvido) y la habitación crepuscular de la escena memorial (indestructible).
Además, la escritora señala: “Me embargaba una extraña sensación de plenitud, mezcla de sorpresa y satisfacción sombría (oscura) de estar ahí, en ese lugar preciso del mundo.” En ese lugar preciso del mundo entonces una experiencia acontece que le otorga una satisfacción oscura. ¿Por qué oscura? ¿Qué retorna en esa opacidad? ¿Ese ángulo sombrío de la experiencia fuerza esa mirada a retornar sobre sus huellas? ¿Podemos imaginar que ese sentimiento oscuro está también hecho de cierta extrañeza? ¿Ese sentimiento de extrañeza no sería próximo a aquel evocado por Freud a propósito de l’Unheimlich[8]? En todo caso, ese ‘familiar extraño’ sostiene bien un punto de contradicción. Pero diríamos que el sentimiento descripto por Freud está tejido de inquietud y no de satisfacción. Otra diferencia es a señalar: en el texto de Annie Ernaux, se trata del poder inquietante del ‘lugar’: de la obsesión o la atracción por el lugar como también del lugar como obsesión. (Ella cuenta por ejemplo todos sus esfuerzos para convencer a la propietaria de permitirle visitar la casa). Allouch señala el poder del lugar, sus efectos, su incidencia, su carga erótica (Allouch, 2024, p. 51).
Si hemos leído la historia que Ernaux cuenta en su libro, sabremos que cuando ella escribe sobre ese cuarto como el “lugar de la vida y la muerte” y “del enigma del azar” no son frases de simple retórica sino bien concretas. El libro, de corte autobiográfico, cuenta que ella nació porque su hermana murió. Ella durmió en la misma cama, en la misma habitación que su hermana sin saberlo. De hecho, el libro empieza con un relato de dos fotos a las que ella tuvo acceso, una de su hermana bebé y otra de ella misma. Durante muchos años, ella no supo de la existencia de esa hermana y creyó que en ambas fotos se trataba de ella misma: Annie.
Ahora bien, no olvidemos, que en la escritura plana[9], se insiste sobre lo factual, neutralizando el sentido y/o lo afectivo. Ernaux lo expresa así: “Por mucho que recorra la nomenclatura de los sentimientos, no encuentro ninguno que me convenga respecto a ti, ni de niña ni después. […] Una blancura de sentimientos, una neutralidad a lo sumo ensombrecida por la sospecha de tu presencia innombrable…” (Ernaux, 2023, p. 65). Sin embargo, vale preguntarnos ¿cuál es el saber que Annie Ernaux acoge en la escritura de su vida sensible? Entre una objetividad empobrecedora y una subjetividad biográfica donadora de sentido, ella nos habla de una suspensión del pensamiento y de una sensación de descentramiento que se produce en ella. Una distancia entre el allí y aquí que no es sólo percibida sino sentida.
Es sobre su vida que Annie Ernaux escribe. En su pasaje a la escritura, que adopta la forma epistolar[10], describe un movimiento subjetivo que se da gracias a sus desplazamientos, a ese empuje a confrontarse con su propia alteridad. La destinataria de su carta es la hermana muerta. Es en su escritura, que nombra a esa otra hija de sus padres, dando un lugar a ese flou de lo vivido, a ese fondo insituable de su infancia, a esa ausencia de la otra: “escribir no es otra cosa que describir la herencia de tu ausencia”.
Pero, ¿cómo escribir una ausencia? Ella nos da una pista cuando, en un encuentro literario, responde a una pregunta sobre los escritores que la influyeron (extracto publicado en francés en “El medio forma parte de la verdad”, Calle del Orco, Blog de literatura, 2021). En su respuesta, ella reconoce la atracción decisiva de Georges Perec y la importancia de lo “infra-ordinario” en su modo de escribir. Además, comenta: “Esa manera de construcción/deconstrucción… es para Perec la única manera de decir su historia, de arrancarle al vacío su existencia y la de los suyos”.
En fin, unas palabras sobre ‘el infinitivo’ que se desliza en el fragmento de La otra hija: “me embargaba una extraña sensación […] por ser esa mirada que contempla la habitación donde todo comenzó para la una y la otra, primero para una y después para la otra”. Ernaux no mira, ni tiene una mirada sobre la habitación. Ella es esa mirada. No se trata de su persona sino de aquello que tiene lugar en ella. “Ser esa mirada” es algo que acontece, que le pasa a ella de forma inactiva. Es inquietarse. Pero no sólo se trata de ser esa mirada, sino de escribir esa mirada en una distanciación simbólica[11] que permite neutralizar el carácter dramático de lo vivido. Si lo neutro juega como lugar de lo simbólico no puede hacerlo sino en ese movimiento vital.
Preguntas finales
Terminaremos con este fragmento extraído del tercer libro, Fini&infini de Louis Marin, al que ya hicimos referencia:
“Frontera, limite, intervalo, una deriva, un instante aún. Ese intervalo entre dos fronteras llamado ‘Limite’ por le limes (en francés zona fortificada de los puntos sensibles del imperio) etimológicamente se llama ‘lisière’ (borde, delimitación): pero esta vez no es un camino; más bien un no man’s land, un borde que se prolongaría, la zona de un borde […] Los ejemplos antiguos de ese borde le dibujan una remarcable red de sentidos: ‘no man’s land’, propuse hace un instante, espacio intercalar incierto […] Mi deriva sobre la lisière señala una deriva de la lisière … deriva de la lisière hacia lo que yo llamaré un lugar neutro, un lugar cuya característica es, en cierta medida, negativa; toda su especificidad de no ser ni uno ni lo otro, ni este borde, ni el otro borde… sino un lugar común… un no-lugar. […] Ese no-lugar; es el nombre del límite, del intervalo del límite, ese sendero de limes que camina entre dos bordes que jamás se juntarán en una identidad.” (Marin, 1992, pp. 48-50).
Annie Ernaux vuelve a su casa de la infancia re-encontrando allí un punto del inicio de su vida, Jean Allouch, visitando lo neutro, ¿retomaría otro ‘Littoral’? Ese movimiento no parece serle ajeno. La alteridad literal ¿no es acaso explícitamente un ‘retomar’ de forma renovada y crítica Letra por letra?
Bibliografía
Allouch, Jean (2024), Vitalidad de lo neutro, neutralidad de lo vital, traducción neutre, neutre escolios, Montevideo, 2025.
Assandri, José (2026), “Siniestras ominosidades o pequeñas historias sobre la traducción de Freud al español”, ñácate, revista de psicoanálisis, https://www.revistanacate.com/articulos/siniestras-ominosidades-o-pequenas-historias-sobre-la-traduccion-de-freud-al-espanol/
Didi-Huberman, Georges, (2001), Génie du non-lieu. Air, poussière, empreinte, hantise, Paris, Éditions du Minuit.
Ernaux, Annie (2021), L’autre fille, Paris, Les affranchis./ La otra hija (2023), traducción Lydia Vázquez Jiménez, Madrid, Cabaret Votaire.
Ernaux, Annie (2011), L’écriture comme un couteau. Entretien avec Frédéric-Yves Jeannet, Paris, Gallimard.
Marin, Louis (1973), Utopiques : jeux d’espaces. Paris, Les éditions du Minuit. Utópicas: juegos de espacios (1975a), traducción René Palacios More, Madrid, Siglo XXI.
Marin, Louis (1975b), La critique du discours. Sur la logique de Port Royal et la pensée de Pascal. Paris, Les éditions du Minuit.
Marin, Louis (1986), La parole mangée et autres essais théologico-politiques. Paris, Klincksieck.
Marin, Louis (1992), “ L’utopie ou l’infini au neutre; Voyage aux frontières ” en Fini & Infini, Le genre humain. Paris, Seuil.
Melenotte, Georges-Henri (2024), “ Du neutre comme lieu ”, Revue neutre n°1 (en línea) Analytique du lien, analytique du lieu.
Merleau-Ponty, Maurice (2017), La institución, la pasividad. Notas de los cursos en el Collège de France (1954-1955). Barcelona, Anthropos.
[1]Actualmente, hay una exposición en Paris de la obra de Alexander Calder (1898-1976). Son conocidos sus móviles, esas constelaciones suspendidas en el aire, configuraciones dinámicas de fuerzas contrarias, en donde el movimiento, el equilibrio y el azar sustituyen a la forma fija.
[2]En el ejemplo que Allouch da sobre el caligrama de Ceci n’est pas une pipe, concluye: “el lugar común del caligrama está ausentado (…) ‘En ninguna parte, hay pipa’” (Allouch, 2024, p. 100). Subrayamos, ¡en ninguna parte!
[3]La bio-política ¿no explota acaso esa vertiente impersonal administrando cuerpos y borrando toda subjetividad?
[4]Ver sobre ese tema el abordaje de Maurice Merleau-Ponty, La institución, la pasividad. Notas de cursos en el Collège de France (1954-1955), Barcelona, Anthropos, 2017. Allí el autor aborda la pasividad como algo que adviene al yo (je) suscitando una redistribución libidinal de su ser en el mundo.
[5]¿En las elaboraciones de Allouch, ese ‘acceso a’ no resuena acaso en una ‘erotología del pasaje’? Pasaje o pasarela que es vital por ser también erótica.
[6]Ver el magnífico texto de Georges Didi-Huberman, Génie du non-lieu. Air, poussière, empreinte, hantise, Éditions du Minuit, Paris, 2001.
[7]Yo subrayo y agrego los comentarios entre paréntesis.
[8]Ver el comentario de José Assandri sobre este término, especialmente, la referencia a la vacilación frente a una experiencia de esa índole implicando un tiempo de incertidumbre, en “Siniestras ominosidades o pequeñas historias sobre la traducción de Freud al español”, ñácate, revista de psicoanálisis, Montevideo (en línea, julio 2026).
[9]Annie Ernaux reconoce su estilo neutro como ‘escritura plana’ (’écriture plate’), diferenciándola de la llamada escritura blanca (expresión propuesta por Roland Barthes). Ella reivindica una escritura de lo real como acto social y político. En su escritura autobiográfica, busca encontrar las palabras y las frases justas, que testimonien del medio popular del que viene y de sus condiciones de vida. Anuda, así, lo íntimo y lo social en un mismo movimiento. (Ver A. E., L’écriture comme un couteau, 2011).
[10]Hay una referencia imperdible de Ernaux al psicoanálisis en la carta que le escribe a su hermana muerta. Cito : “¿El ambiente psicoanalizador no me habría conducido, de todas maneras, sin saberlo, hacia vos, sometiéndome al imperativo de descubrir el detrás de la escritura para desenmascarar el fantasma que, parece, siempre allí se esconde, del cual, el escritor sería sólo su marioneta? Y así ¿no debería considerarte, en esta carta, como una creación del psicoanálisis, de su tenacidad a que, en un retorno al primitivismo, no nos podamos escapar jamás de los muertos?” (Allouch, op. cit., p. 76, en español p. 70).
[11] Ver el comentario de Jean Allouch sobre el sueño de la inyección de Irma, donde la fórmula ‘escrita’ de ‘trimetilamina’ funciona como ese lugar de lo simbólico que neutraliza el lazo trágico al mundo. (2024, p. 52)
