El envejecimiento de la población mundial viene en aumento acelerado. Dos factores explican este fenómeno: el descenso de la mortalidad -o su derivado, el aumento de la esperanza de vida- y la disminución de la natalidad. Estos cambios se deben, en gran parte, a los avances en las prácticas médicas y su accionar y al mejoramiento en la calidad de vida, que permiten vivir más años.
Este escenario representa un gran desafío para la ciencia, la sociedad y las políticas públicas, ya que la edad suele asociarse con la enfermedad, la incapacidad y, por ende, con la dependencia.
Frente a este panorama, podríamos preguntarnos: ¿por qué le podría interesar la vejez al psicoanálisis? Quizás porque le interesa cada viejo, cada vieja, en su particularidad y singularidad y otorgarles particularidades sentidos a los acontecimientos de su vida y de su mundo.