Notas de lectura para la presentación del libro “Psicoanálisis a cielo abierto: arte y psicoanálisis” en el Club de Bochas del Parque Rodó
Montevideo, 28 de noviembre de 2024
Florencia Rigaud
Edición al cuidado de José Assandri y Maximiliano Diel
El libro Psicoanálisis a cielo abierto nos invita a interrogar las fricciones sin clausurarlas; a preguntarnos, desde la ética del psicoanálisis, cómo producir herramientas críticas para repensar los modos de lectura y la producción de teoría.

I. Escribir el mar
El libro del colectivo de Psicoanálisis a la calle devela en el Epílogo anterior uno de sus objetivos: el de hacer un texto “con la ilusa intención de inmortalizar, al menos un pedacito de lo allí sucedido” (p.9). Lo sucedido del 3 al 5 de marzo de 2023 en Psicoanálisis a cielo abierto.
La invitación fue tan concreta como tentadora: el mismo ciclo de charlas que tuvieron lugar los últimos jueves de cada mes en el Club de Bochas del Parque Rodó desde finales del 2021 llevado, esta vez, al escenario del Cabo Polonio. En esta ocasión, la excusa para el encuentro fue el arte y el psicoanálisis. “¿Se puede hablar de arte y psicoanálisis? ¿Existe frontera entre ambas? ¿Dónde empezaría y terminaría (…)? ¿Qué características tendría (…)?” (p.11).
Psicoanálisis a cielo abierto reúne las exposiciones orales de quienes fueron invitados a decir sobre arte y psicoanálisis. Traté de conjugar la lectura del libro –una lectura que se fue trenzando con recuerdos, anécdotas e imágenes de esos tres días– con la pregunta por la experiencia. Cómo se escribe una experiencia es una pregunta que parece insistir en el libro. En varios pasajes se enfatiza la importancia de mantener un tipo de escritura que “rememore”, “rescate” o “conserve” tanto lo inaprensible de la oralidad como lo particular del encuentro. ¿Cómo se pasa lo singular de cada encuentro por el tamiz de la escritura? ¿Cómo se puede dar un testimonio, en lo escrito, de ciertas imágenes, sensaciones? O mejor, ¿cómo se escribe el olor a salitre mientras se escucha hablar de psicoanálisis? ¿Cómo se escriben los abrazos de despedida del último día? ¿Cómo se escribe el ruido del mar?
Como aquel hombre del último capítulo de Oceanomar de Alessandro Baricco (1999) que intenta escribir el mar. No escribir sobre el mar. Escribir el mar. Encontrar una o varias palabras que escriban el mar. O como en una escena de la película Pierrot, le fou dirigida por Godard (1965) en la que el personaje, Ferdinand, dice haber encontrado una idea genial para una novela. La idea es “no escribir de la vida de las personas, escribir solo la vida, la vida, nada más. Lo que hay entre la gente, el espacio, el sonido, los colores. Habría que llegar a eso. Joyce lo intentó, pero se debe poder llegar a algo mejor.” Kate Millett (2018) dice haberlo ensayado también en su libro Sita. Es, según la autora, un intento de escribir la vida a medida que la vive, de “imprimir sentimiento en las palabras y las palabras en papel. Una transformación mágica del dolor en sustancia, en sentido, en algo propio” (p.169). Una forma descarnada de escribir el desgarro que le produce un amor.
El texto de Santiago Cardozo, incluido en el libro Psicoanálisis a cielo abierto, toma el famoso cuento de Borges (2007), Funes, el memorioso, y escribe sobre el fenómeno de la anti-memoria. Al perder el conocimiento, Funes también pierde la posibilidad de olvidar. Recuerda todo. Pero, dice Cardozo, como la memoria vive de los recortes, de lo que se descarta, es decir, del olvido, depende de la activación temporal que opera en la estructura narrativa que la sustenta.
Relaciono esta idea con uno de los Fragmentos verticales de Juarroz (2020): “me falla la memoria/ recuerdo demasiado./ Recuerdo, por ejemplo/ que no era” (p.314). A Funes también le falla la memoria. Al poder olvidar, no logra hilvanar los recuerdos que le sobrevienen, no logra acceder a la representación de la experiencia. No puede, entonces, escribir sus recuerdos.
Como la estructura misma del lenguaje se funda en la imposibilidad de hacer coincidir realidad-lengua, el vínculo entre el orden de las palabras y el orden de las cosas no se produce sin fallas, sin faltas, ni excesos. Por eso, el personaje de Oceanomar nunca encuentra la palabra que escriba el mar. Pero en la búsqueda, en los huecos producidos por los tropiezos del lenguaje, puede seleccionar y armar tramas narrativas. Textos fragmentarios o «tartamudeos» (Deleuze, 2006), que parecen ser de interés tanto para el psicoanálisis como para el campo del arte.
II. Psicoanálisis ¿y? arte.
Tomo la invitación que hace Fernando Barrios en su texto a cuestionar la supuesta naturalidad del vínculo entre arte y psicoanálisis. Cuestionarlo como conjunto indisociable formado por dos discursos inevitablemente entrelazados por su referencia histórica. El hecho de que Freud, Lacan y otros psicoanalistas hayan hablado o se hayan servido de obras de arte desde diferentes lugares y con distintos fines, ¿basta como garantía de un vínculo evidente?1 Más bien, dice Barrios, se trata de una relación tensa, conflictiva, llena de malos entendidos.
Incluso en Freud podemos encontrar un vínculo contradictorio o, al menos, problemático, con el arte. Un ejemplo paradigmático de esta rispidez se puede hallar en su relación con el escritor y dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler (1862-1931), con quien intercambió múltiples cartas en los últimos años de su vida y, dato curioso, con quien se encontró en persona una sola vez.
En una carta escrita en 1922, Freud le confiesa a Schnitzler que se cuestiona por qué llevan tantos años evitándose si ambos están advertidos del mutuo interés en la producción del otro —¿sería justamente esa la razón?—. En esa misma carta le escribe:
(…) al internarme en sus bellas creaciones he creído encontrar los mismos presupuestos, intereses y conclusiones que tengo por míos. Tanto su determinismo como su escepticismo (…) su emoción ante la verdad del inconsciente, ante la naturaleza pulsional del ser humano, su distanciamiento frente a las convenciones culturales, la fijación de sus pensamientos en la polarización entre amor y muerte, todo esto me conmovía con una familiaridad inquietante. Así he llegado a forjarme la idea de que usted ha llegado a través de la intuición —o más bien a través de una lúcida autopercepción— a todo aquello a lo que yo he accedido trabajosamente a través del minucioso trabajo con otras personas.2 Sí, creo que en el fondo de su naturaleza es usted un explorador del inconsciente. (Freud, 1968, p. 358 citado en Cifre Wibrow, 2016, p.149).
Aquí podemos ubicar una primera contradicción en el vínculo del psicoanálisis con el arte, y es, en este caso, en lo relativo al saber. Freud parece encontrar en la literatura de Schnitzler varios puntos de contacto con sus elaboraciones teóricas. Reconoce que hay un saber en juego al que Schnitzler accede. Un saber que, incluso, concierne al inconsciente. Sin embargo, marca una diferencia significativa: mientras que el método de Schnitzler se basó en “la intuición” o en una “lúcida autopercepción”, el de Freud consistió en un “minucioso trabajo”. Esto podría leerse como una deslegitimación del modo en el que Schnitzler alcanzó sus postulados desde la literatura, considerada una disciplina menor, menos seria, más “intuitiva”. En otro texto Freud (1991/1907) se pregunta sin tantos rodeos: “¿Cómo llegó el poeta al mismo saber que el médico o, al menos, a comportarse como si supiera lo mismo?” (p.46).
Con este antecedente freudiano cabe preguntarnos: ¿cómo ha sido la relación del psicoanálisis con el saber que proviene del arte? ¿Qué busca o ha buscado en él? Podemos mencionar al menos dos posturas. Por un lado, una posición –repetida hasta el hartazgo y poco cuestionada– que sostiene que el psicoanálisis «debe aprender del arte», justificada en algunas afirmaciones de Freud y Lacan sobre los poetas como poseedores de un «saber anterior», «adelantado a su época». Un saber del que el psicoanálisis debería rescatar una enseñanza.
Y, por otro lado, una posición que parece seguir ubicando al arte como un discurso menor que, en el mejor de los casos, llega a postulados similares a los del corpus psicoanalítico, pero de forma menos legítima. Recordemos la cita de Freud: “comportarse como si supiera lo mismo”. Es decir, psicoanalistas y artistas no saben lo mismo. El del arte es un saber «en apariencia». Así entendido, el saber del arte quedaría subrogado al saber de la teoría psicoanalítica, utilizado para su reafirmación y reproducción.
Esta última posición tiene relación con una crítica con la que varios autores de Psicoanálisis a cielo abierto parecen acordar: la del psicoanálisis aplicado al arte. Aquí podemos localizar una segunda contradicción.
Si bien se menciona que, primero Freud y después Lacan, afirmaron que el psicoanálisis no puede ser aplicado más que como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que «habla y escucha», también se asume que ambos podrían haber fallado a sus propias indicaciones, aplicando sus teorías en la interpretación de obras artísticas y de sus personajes o, incluso, extrapolándolas, en una especie de psicobiografía, al análisis de los autores.
La idea del psicoanálisis aplicado al arte supone el uso del arte con el fin de ilustrar un saber propio de la teoría psicoanalítica. La direccionalidad es clara: del psicoanálisis hacia el arte. Implica tomar el fenómeno artístico como una suerte de laboratorio del que el psicoanalista puede servirse como material clínico para corroborar sus teorías (Garayalde, 2019). En este sentido, y en lo que respecta al ámbito literario, Shoshana Felman (1977) ha sostenido que la relación entre la literatura y el psicoanálisis no fue de coordinación, sino de subordinación bajo el esquema de amo y esclavo: “mientras que la literatura es considerada (…) un cuerpo de lenguaje a ser interpretado, el psicoanálisis es considerado (…) un cuerpo de conocimiento” (p.5).
Así utilizado, el psicoanálisis funciona como una máquina hermenéutica que busca el sentido «verdadero y absoluto» de la obra literaria y de la obra de arte en general, reproduciendo conceptos y nociones teóricas que son reafirmadas a través de sus interpretaciones. Entre la obra de arte y la teoría no hay una confirmación directa. Necesita de una interpretación que le otorgue un sentido, haciendo de ella una «ilustración» que funciona como «evidencia» de un saber que quiere ser demostrado y aplicado. Este tipo de lectura se inscribe en la prolongación de las lecturas religiosas, con las que comparte una concepción común del vínculo entre sentido e interpretación, donde el resultado de la interpretación no hace sino confirmar aquello que ya había sido anticipado desde el inicio (Bayard, 2009, pp. 39–40).
Al parecer, algunos de los usos —¿y abusos?— del arte por parte del psicoanálisis, o de cierto psicoanálisis, han producido efectos de rechazo. Como consecuencia, toda una serie de artistas han necesitado desmarcarse del psicoanálisis. A pesar de que sus obras parecen estar en relación o influidaspor él, se ubican en una posición diferenciada. Se puede encontrar, entre otros ejemplos, el tipo de relación ambigua que Roland Barthes (2018) afirma tener con el psicoanálisis: “no es escrupulosa (aunque sin embargo, no puede ufanarse de ninguna impugnación, ningún rechazo). Es una relación indecisa” (p.161). Como resultado de la indecisión, encontramos que en el mismo libro Roland Barthes por Roland Barthes, el autor utiliza repetidas veces conceptos psicoanalíticos: el Otro, Imaginario, Simbólico, transferencia, entre otros. Y menciona que “el título de esta colección (…) tiene un alcance analítico: ¿yo mismo por yo mismo? ¡Pero si éste es el programa mismo del imaginario!” (Barthes, 2018, p.163)
Otro ejemplo significativo aparece en la necesidad de Cristina Peri Rossi de remarcar, una y otra vez, que nunca se analizó, como si esto constituyera un valor en sí mismo. La escritora, sagaz, comenta en una entrevista: “Mis amigos psicoanalistas dicen que sería una gran psicoanalista, pero yo no quiero ser psicoanalista. Son ellos los que quieren ser escritores” (Perez-Fondevila, 2005, p.190). Demarcación evidente: ellos y nosotros.
III. Ni amo ni esclavo
José Assandri se pregunta en su texto qué necesita el psicoanálisis para que una relación distinta con el arte tenga lugar y responde que, para ello «tendría que cuidarse de no aplicar formulaciones teóricas a obras y vidas, porque de ese modo se patologizan y reducen las vidas y los textos de una manera que es bastante molesta, incluso fuera de lugar.» (Colectivo Psicoanálisis a la calle, 2024, p.20).
Parece innegable que este “fuera de lugar” ha oficiado de obstáculo para que otro tipo de relación entre arte y psicoanálisis sea posible. De ahora en más, ¿qué otro tipo de relaciones podemos imaginar entre arte y psicoanálisis que no conduzcan a la dialéctica del amo y el esclavo? ¿De qué forma el psicoanálisis se puede acercar al campo del arte sin que se trate de la aplicación de un saber o reafirmación de un corpus teórico?
Algo quedó claro en este trayecto: de nada sirve ir hacia otros discursos para corroborar hipótesis que están enquistadas en la teoría a fuerza de repetir las mismas frases, los mismos postulados. Quizá sea posible ensayar una relación más enriquecedora, que no privilegie un discurso por encima del otro —Bayard (2009) comprobó que la inversión de los términos en la propuesta de una Literatura aplicada al Psicoanálisis también conduce a una vía de análisis fallida— pero que tampoco ignore la existencia de relaciones de poder entre las disciplinas. Una relación que permita interrogar las coordenadas teóricas preestablecidas, que eche luz sobre nuevas lecturas. Una relación que no procure vencer las tensiones, sino, entre discursos en tensión.
El libro Psicoanálisis a cielo abierto nos invita a interrogar las fricciones sin clausurarlas; a preguntarnos, desde la ética del psicoanálisis, cómo producir herramientas críticas para repensar los modos de lectura y la producción de teoría. A oxigenar las tensiones sin asfixiarlas o, como plantea Bayard (2009), “a restituir a las obras un poco de su libertad de palabra” (p.19).
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- La advertencia respecto a no asumir tan rápidamente la relación del psicoanálisis con el arte –especialmente con la literatura– aparece también en Lacan (2006/1971): “Que Freud evoque un texto de Dostoievski no basta para decir que la crítica de textos, hasta ahora coto exclusivo del discurso universitario, haya recibido del psicoanálisis más aire” (p.106). ↩︎
- Las negritas de esta cita y de todas las que le siguen son mías. ↩︎
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Bibliografía
Baricco, A. (1999). Oceanomar. Barcelona: Anagrama.
Barthes, R. (1978). Roland Barthes por Roland Barthes. Barcelona: Kairós.
Bayard, P. (2009). ¿Se puede aplicar la Literatura al Psicoanálisis?. Buenos Aires: Paidós.
Borges, J. (2007). Ficciones. Buenos Aires: Emecé.
Cifre Wibrow, P. (2016). “Tensiones entre literatura y psicoanálisis. Los recelos de Freud frente a su «doble»”. Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. N° 25, pp.147-158. Zaragoza: Universidad de Zaragoza. Extraído de: https://doi.org/10.26754/ojs_tropelias/tropelias.2016251230
Colectivo Psicoanálisis de la calle. (2024). Psicoanálisis a cielo abierto. Montevideo: Edición del Colectivo Psicoanálisis a la calle.
Deleuze, G. (2006). La literatura y la vida. Córdoba: Alción Editora.
Felman, Sh. (1977). “To open a Question”. Literature and Psychoanalysis. The Question of Reading: Otherwise. N°. 55/56. New Haven: Yale University Press. Extraído de: https://www.jstor.org/stable/i347921
Freud, S. (1991/1907). El delirio y los sueños en la Gradiva de W Jensen. En Obras completas. Vol IX. Buenos Aires: Amorrortu.
Garayalde, N. (2019). “Literatura y psicoanálisis: hacia una teoría de la lectura”. Revista Praxis y Culturas Psi, N° 1, pp. 1–18. Santiago de Chile. ISSN 2313-965X. Extraído de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7544638.pdf
Godard, J.L. (Director). (1965). Pierrot le fou [Film]. Francia: Films Georges de Beauregard.
Perez-Fondevila, A. (2005). “Del deseo y sus accesos: una entrevista a Cristina Peri Rossi”. Revista Lectora 11.Barcelona: Universitat de Barcelona.
Juarroz, R. (2020). Poesía vertical. Madrid: Cátedra.
Lacan, J. (2006/1971). Clase 7 del 12 de Mayo de 1971. En Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante. Lacantera Freudiana. Versión crítica a cargo de R. Rodriguez Ponte. Extraído de: https://lacanterafreudiana.com.ar/lacanterafreudianajaqueslacanseminario18.html
Millet, K. (2018). Sita. Barcelona: Alpha Decay.
