Mariam Szwec Luzardo
Edición al cuidado de Guillermo Giménez y Marcelo Novas

En noviembre de 2024 en Facultad de Psicología de la Universidad de la República se presentó el libro Excesos: entre literatura y psicoanálisis, edición coordinada por Marcelino Viera. Este texto es la presentación del mismo realizado por Mariam Szwec en el salón de actos de dicha Facultad.
Buenas noches, a todas y todos1.Que bueno verlos acá en esta noche veraniega de viernes. Bueno, en primer lugar quiero agradecer por haberme invitado a esta actividad, es lo que se dice un privilegio y honor para mí estar hoy acá presentando el libro: Excesos, entre literatura y psicoanálisis. La oportunidad de leer este libro fue un regalo a mis ganas de saber un poquito más, de alimentar este diálogo entre literatura y psicoanálisis.
Entonces, para ir entrando de a poco al libro me gusta la idea de decir algunas palabras que me quedaron resonando, y cuando digo resonando, es sonando en mí, porque claramente la lectura que realicé se encuentra totalmente atravesada por mi historia y por mis intereses: voz, tiempo, pulsión, deseo, letra, palabra, ritmo, político.
Hace poco, en la presentación del libro De/generar psicoanálisis, que se hizo en Las bochas del Parque Rodó, mi amigo Alejandro Prieto nombraba lo que Fernando Barrios menciona sobre la escritura: “si hay una ética de la escritura en psicoanálisis es la de no escribir sino de aquello que nos concierne, nos implica, nos constituye” 2 En tal sentido, parafraseando a Fernando podría decir que: si hay una ética de la lectura es la de no leer sino atravesados por aquello que nos implica, nos concierne y nos constituye.
Lo primero que me llamó la atención del libro fue su título, Excesos, sí, me gusta detenerme en los títulos, soy de esas personas. ¿Qué es un exceso? ¿Qué son los excesos? Enseguida pensé en una canción de Serú Girán: “Te hace bien, tanto como hace mal. Te hace odiar, tanto como querer y más.”3 A su vez, en la jerga coloquial la palabra resuena con aquello que desborda, con lo que no se puede controlar, con un “se me fue la moto”.
Pero bueno, no me dejé guiar, del todo, por esas impresiones e hice la de buscar en el diccionario:
Exceso: Parte que excede y pasa más allá de la medida o regla.
Cosa que sale en cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito.4
En este caso salirse de los límites no ocurriría en cualquier parte, se daría en un entre: entre literatura y psicoanálisis. Entonces se vuelve necesario preguntarse: ¿Se puede hablar de literatura y psicoanálisis? ¿De qué orden serían estos excesos que suceden entre literatura y psicoanálisis? ¿Qué características tendrían estos excesos tan particulares? ¿Qué significa este entre?
Resulta interesante destacar algo que plantea Marcelino Viera y que se puede aproximar a las preguntas anteriormente mencionadas:
“Es evidente que la propuesta de explorar un ‘cómo’ la literatura interpela al psicoanálisis —y viceversa— redunda en la distancia arbitraria del ‘y’ del mismo título de este libro. A pesar de ello, el ‘exceso’ que produce en su entorno muestra una leve silueta con la que seduce y llama a la “amistad””.5
¿Podríamos entonces pensar estos excesos como encuentros que llaman a la amistad entre literatura y psicoanálisis?
Históricamente el psicoanálisis se ha nutrido de la literatura para dar a conocer y producir tanto su teoría como su modo de hacer. ¿Quién no ha experimentado, al leer distintos textos literarios, la sensación de que transmite mejor las pasiones, lo inconsciente y el deseo que ciertos libros de psicoanálisis?
La literatura permite interpelar conceptos psicoanalíticos, invitando a repensar y construir la teoría. Lacan habría dejado en evidencia que es el arte quien enseña al psicoanálisis y no viceversa, haciendo percibir lo que la teoría desconocía e impulsando al avance del psicoanálisis, enseñándole sobre la naturaleza de su objeto6. Este autor entendía al arte como adelantado a su tiempo y “le supone al artista la capacidad de leer los síntomas de cada época” 7.
En una nota al pie en la página 188 Marcelino Viera aclara: “fácilmente podemos asumir que el psicoanalista no es un poeta y muy absurdo sería pensar que el poeta es un psicoanalista”, palabras que me transportaron a lo mencionado por la escritora Cristina Peri Rossi al hablar de la relación entre literatura y psicoanálisis. Ella va a afirmar:
“He dicho en una entrevista que el psicoanálisis y la literatura se parecen mucho […]. El paciente es un narrador; el psicoanalista, un lector. […] No en vano Freud recurrió a la literatura: encontró allí descripciones de los conflictos humanos, fantasmas. Creo que es esto lo que estudia el psicoanálisis y lo que debe escribir un escritor”9.
En el libro se puede encontrar la propuesta de cómo la literatura enseña al psicoanálisis, de cómo lo interpela, pero también de cómo literatura y psicoanálisis interpelan mandatos hegemónicos, me animo a afirmar que el libro respira un aire anticapitalista. Se hace mención a dispositivos de control imperantes, a desigualdades socioeconómicas, culturales y a sus efectos en las posibilidades de producción de subjetividad. Marcelino Viera va a señalar: “aquí se privilegia la materialidad del lenguaje como espacio de disputa política” y agrega “este privilegio tiene como punto de partida, ruptura y exceso, el entender que la escritura proyecta una ficción con estructura verdadera, organizadora de la vida cotidiana”10. Es Ranciere en El desacuerdo, política y filosofía que señala sobre la producción de la política el hecho de que ésta no es una condición siempre dada, no siempre se da; para que exista se debe producir algo del orden del litigio, que busque ganar cierta libertad y en el mismo movimiento romper el status quo imperante y actualizar “la igualdad última sobre la que descansa todo orden social”11, para lo cual es necesario el acceso al logos, a la palabra. Palabra a la cual Sosa Villada, trabajada por Filippini en el libro, menciona como necesaria para constituir su rebeldía y posibilidad de libertad. Siguiendo esta línea de pensamiento, podría decirse que este libro hace política, no está por fuera de ella y, al mismo tiempo, logra evidenciar distintas particiones de lo sensible.
Uno de los muchos ejemplos de ello se encuentra en el último de sus ensayos, donde, de manera lúcida, Fernández y Ros analizan, a través de la novela Los hermanos Cuervo de Andrés Felipe Solano, cómo la literatura logra poner en cuestión ciertas lógicas de control de los cuerpos, de disciplinamiento y de homogeneización, como el dispositivo escolar. Asimismo, muestran cómo, cuando surge lo novedoso, aquello que se desvía de la norma, genera rechazo y malestar. Es el caso de los hermanos Cuervo, dos niños singulares y enigmáticos que interpelan a sus compañeros de clase y por sobre todo a Nelson, niño que crece en una Colombia signada por una lógica neoliberal al servicio del mercado y el consumo acérrimo, en donde no queda lugar para la territorialización del deseo ni para lo propio y prima una educación panfletaria como modelo imaginario de ascenso social, marcando una única forma de existencia posible. Las autoras proponen trabajar la novela retomando la crítica lacaniana del yo individualizado al servicio del mercado capitalista.
Continuemos introduciéndonos en el libro. Poesía-psicoanálisis: la vida es letra. Con ese título se abre el primer apartado de tres ensayos que girarán en torno a las poetas Alejandra Pizarnik e Idea Vilariño.
Acheronta Movebo, el descenso a los infiernos de Alejandra Pizarnik, dice Horacio Legrás. Debo admitir que cuando leí en el índice el nombre de Alejandra me quedé bastante contenta. En mi adolescencia tuve pegado parte del poema El despertar en una de las paredes de mi cuarto, poema que dicho sea de paso, me enteré muchos años después, que está dedicado a León Ostrov, su primer analista.
Pero, ¿qué busca transmitir Legrás en su texto? El autor retoma dos textos tardíos de Pizarnik La condesa sangrienta y La Bucanera de Pernambuco o Hilda la Polígrafa para afirmar que se trata de textos que apuntan a la transgresión, al desafío de los límites y la indagación sobre la verdad última. En La Bucanera, a través del uso de un humor bastante obsceno, Pizarnik muestra cómo las palabras se disuelven en otras imposibles, formando un acoplamiento de palabras, evidenciando la imposibilidad de capturar aquello referido al sexo y a sus prácticas. Escribe: “Chupame la cajita de música. Chau”; “¿Te engripaste? —dijo Agrippa d’Aubigné tomando un camino tan erecto que la extenuada debió sentarse encima del susobicho —”12. Vemos como una frase se va disolviendo en otra frase, dejando a la lengua desprovista “de su capacidad de mostración”13 va a decir Legras. Se evidencia, a través de la obra de Pizarnik, lo indecible del sexo, lo incapturable de la sexualidad.
Judith Butler, autora referente de los estudios queer va a afirmar que “el hecho de que el deseo no esté totalmente determinado se corresponde con la idea psicoanalítica de que la sexualidad no puede llegar a ser nunca totalmente capturada por ninguna regla”14. En este caso vemos que ni siquiera las reglas del lenguaje la pueden capturar, ¿no? Alejandra hace un uso de la lengua para decir lo imposible de decir. Y entonces Legras va a retomar a Lacan para subrayar: “Tal vez la lengua hunda sus raíces en decir lo imposible. Lo imposible de decir —dice Lacan— es el sexo, del cual se puede hablar pero permanece mal-dito (mal detto) elusivo.”15
Por otra parte, Assandri y Novas trabajan la poesía y los escritos de Idea Vilariño. El amor, la enfermedad y la muerte atraviesan la vida de la poeta y son obra, una vida en obra. Mi poesía soy yo16 va a decir Vilariño.
Más allá de ello, es digno de notar cómo Assandri trae a cuento una pregunta de otro orden, en extremo interesante: “¿qué de esa obra genera efectos en la vida de los lectores?”17 Y agrego: ¿cómo afecta la poesía a otros? ¿Acaso la literatura rompe y crea nuevos sentidos posibles?
Julia Kristeva afirma que la literatura es una práctica semiótica que produce materialidad.18 Podemos hacer cosas con palabras, la palabra hace, la palabra es acción. Al ser leído el texto, la palabra, genera efectos, produce algo en quien se aventura a la práctica de la lectura. “A los poemas de amor de Vilariño se le podría adjudicar la encarnación de una de las máximas de François De La Rochefoucauld: “Hay personas que jamás se hubieran enamorado si nunca hubieran escuchado hablar de amor”19 va a citar Assandri. Y sobre esto, no puedo dejar pasar el guiño realizado a Peri Rossi retomando sus palabras en La insumisa: “Yo no sabía que eso era el amor, no lo había leído todavía”20.
Para ahondar en cómo los poemas de Idea se constituyen en configuración amorosa de otros, el autor va a citar el conocido poema de Vilariño hecho canción, por el maestro Alfredo Zitarrosa, El poema y la canción:
No sé por qué me despierto
Algunas noches vacías
Oyendo una voz que canta
Y que, tal vez, es la mía
Quisiera morir ahora de amor
Para que supieras
Cómo y cuánto te quería21
Ahí mi interés se centra específicamente en lo llamativo de la voz. La voz que aparece nombrada en el poema, escuchada en la canción, que tiene que ver con los ritmos con los que uno habla, con la entonación, los cantitos de las distintas partes del Uruguay por ejemplo, con las pausas al hablar que no son voz pero hacen al quid de la cuestión. Y la voz también cómo la trabaja Lacan, dándole una vuelta, transformando la noción de pulsión trabajada por Freud. En Pulsiones y destinos de pulsión, Freud va a decir que la pulsión se presenta como imposición, como una fuerza constante de la que parece ser imposible escapar. Las pulsiones sexuales en un principio serían numerosas y luego se unificarían para lograr la meta sexual, el placer del órgano, al servicio de la reproducción22.
Es Lacan (1964/2016) quien en su Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, al teorizar específicamente sobre la pulsión sexual se pregunta: “¿pertenece la pulsión al registro de lo orgánico?”23, pretendiendo retirar la pulsión de dicho registro. En su obra, la sexualidad se presenta de manera independiente a las fases del desarrollo; incluso, no habría una síntesis de las pulsiones parciales bajo el primado genital, sino que las pulsiones siempre serían parciales en relación a la finalidad biológica. De esta manera se abre la posibilidad de habilitar zonas erógenas que excedan la genitalidad y a dar otros fines a la sexualidad que no sea meramente el fin reproductivo.
Aparecen la mirada, la voz, las heces, el pecho como objetos de esa cadena simbólica, causa de deseo, en los que la pulsión, en su contorneo buscará su satisfacción. En este caso, la voz aparece teorizada como posible pulsión invocante.
Retomando a Asandri, al escribir sobre un fragmento de La vida escrita, de Vilariño, en donde una amante espera la llegada de un amado que no llega, el autor resalta el énfasis no está puesto en el desencuentro sino en la voz que se encuentra invocando por la llegada de ese amor. Y agrega:
La invocación, que viene de “una voz que tal vez es la mía”, como dice el poema/canción de Vilariño/Zitarrosa, abre la perspectiva de que, mientras que alguien puede enamorarse por la imagen, para otros basta con el canto para quedar encantados. Esta división entre imagen y voz, entre enamoramiento y encantamiento, implica la tensión entre el amor que busca hacer unidad y la parcialidad del objeto que atrae. Aquí, la voz no necesariamente debe quedar atada a la imagen, ni la imagen tiene por qué quedar anudada a la voz, y esa ausencia del amado produce una serie de elementos para componer una escena donde el amado es un agujero.24
En ti más que tú va a decir Lacan (los Buenos Muchachos van a decir vos mas que vos)25. Teorizando en relación al objeto parcial de la pulsión Lacan afirma: “te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú (…) te mutilo” 26. ¿Se puede mutilar la voz?
Continuando con la obra de Idea Vilariño, tanto Novas como Assandri, proponen dirigirse hacia la poesía en busca de enseñanzas en relación a la tarea del analista. Leer con los oídos. ¿Cómo se leen los sonidos? ¿Cómo se leen los ritmos? ¿Cómo se leen los cantos, las entonaciones y la musicalidad? ¿Qué tiene la poesía para enseñar a quien quiere leer con los oídos? A través de la poesía de la escritora, se va a abrir la interrogante sobre la importancia de atender a la manera en que el sonido, en su materialidad, puede afectar la experiencia corporal. Y surge la pregunta: ¿Esos ritmos y musicalidades tendrían relación con los síntomas, las angustias, las inhibiciones de cada uno?27.
Siguiendo a Novas, “es la partitura de cada decir, la musicalidad que cada discurso propone, lo que deberemos aprender a escuchar, sin olvidar que ese movimiento será único e irrepetible”28. Y haciendo uso de las palabras de la poeta, advierte:
No abusar de palabras
no prestarle
demasiada atención29.
Lo cual me hace regresar a la pregunta: ¿habrá que prestarle más atención entonces al canto, a la musicalidad, a los ritmos y las pausas en un decir?
Para continuar, quisiera subrayar que Filippini toma fragmentos de textos literarios de cuatro escritoras —Camila Sosa Villada, Clarice Lispector, Marguerite Duras y Gloria Anzaldua—, para ahondar en la frontera del escribir – leer, su relación con la práctica analítica y la imposibilidad tanto de escribir como de dejar de hacerlo. Se pregunta: “¿de dónde surge esa fuerza del cuerpo que puja para escribir y hace de la escritura un acto ineludible?”30. Luego, cita a Lispector: “[escribir] es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse”31.
Me pregunto: ¿Otra vez la pulsión haciendo de las suyas? ¿Acaso se refieren a esa fuerza de la que es imposible escapar? ¿Cómo se entrama lo pulsional en el escribir – leer?
Antes de concluir, me gustaría retomar un punto expuesto por Percovich al abordar dos textos del gran Arthur Schnitzler. Escribe: “(…) apreciamos que es la literatura la que da estatuto de verdad a la ficción teórica. El psicoanálisis no sólo se nutre de la literatura, sino que la necesita como parte esencial de su propuesta.”32 Es en relación a este tema que venimos pensando en el grupo “Psicoanálisis y literatura: investigaciones en la frontera”, con Estefanía Pagano, Federico González y Camila De Avila, en donde podemos arriesgarnos a decir que Freud propone al menos dos formas de hacer con la obra literaria: esta es utilizada como materia prima para crear teoría así como para ejemplificar y comprobar nociones teóricas.
Pero es grata la sorpresa, al leer este libro, de descubrir que estos autores van un paso más allá. En la forma del decir literario, en la poesía, se encuentran pistas para la lectura en un análisis, sobre qué hacer y cómo hacer con lo que se lee allí con los oídos; que no serán solo palabras, serán voces, cantos, ritmos, entonaciones, silencios y pausas ¿Es acaso una enseñanza más de la literatura al psicoanálisis?
Referencias
1 El presente texto se produjo en el marco de la presentación oral del libro Excesos: entre literatura y psicoanálisis, que tuvo lugar en la Facultad de Psicología, UdelaR, en noviembre de 2024. En tal sentido, busca rescatar la oralidad al mismo tiempo que referenciar la bibliografía utilizada.
2 Barrios. F. (2023). De/generar psicoanálisis. Montevideo: Witz. p.89
3 Serú Girán (1979). Viernes, 3 AM. La grasa de las capitales. (CD). Argentina, Buenos Aires.: Shazam
4 Real Academia Española (2001). https://www.rae.es/drae2001/exceso
5 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.11
6 Regnault, F. (1995). El arte según Lacan. En El arte según Lacan y otras conferencias. Barcelona: Atuel-Eolia.
7Jaime Bacile, E., Cura, V. L (2015). Arte y psicoanálisis. Como el arte nos posibilita la tyche. En VII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXII Jornadas de Investigación XI Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires: Buenos Aires. p.346 https://www.aacademica.org/000-015/773
8 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.11
9 Peri Rossi, Cristina (1993). “Acerca de la escritura”, en Deslindes, n.° 2-3. Montevideo: Biblioteca Nacional de Uruguay, pp. 73-74.
10 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.18
11Ranciere, J. (1996). El desacuerdo: Política y filosofía. Ediciones Nueva Visión SAIC. p.31
12 Pizarnik, A. (2020). Prosa completa. Buenos Aires: Lumen. p.103. (Texto original publicado en 1982)
13 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.33
14 Butler, J. (2006). Deshacer el Género. Monterrey: Una pluma ediciones. p.33
15 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. pp.33-34
16Poniatowska, E. (2007) “La suplicante”. Idea Vilariño: la vida escrita. Montevideo: Cal y canto.. p.131
17 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.59
18 Kristeva, J. (1988). El lenguaje, ese desconocido. Madrid: Editorial Fundamentos
19 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.60
20 Peri Rossi, C. (2020). La insumisa. Montevideo: Casa HUM. p.178
21Zitarrosa, A. (1936- 1989). La Canción y el Poema. Antología II. https://www.youtube.com/watch?v=OAXUIuFI_MQ.
22 Freud, S. (1976/1915). Pulsiones y destinos de pulsión. En Obras completas Tomo XIV (pp.106 – 134). Buenos Aires: Amorrortu.
23 Lacan,J. (2016/1964). El Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. p.169
24 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.68
25 Buenos Muchachos (2006). Vos más que vos. Uno con uno y así sucesivamente. (CD).Montevideo: Bizarro Records
26 Lacan,J. (2016/1964). El Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. p.271
27 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.73
28 Ibid. p.95
29 Vilariño (2017). Poesía Completa. Montevideo: Cal y canto. p.313
30 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.149
31 Lispector, C. “Notas sobre el arte de escribir”. https://ciudadseva.com/texto/notassobre-el-arte-de-escribir/. S/P.
32 Viera, M. (2024). Excesos: entre literatura y psicoanálisis. Buenos Aires: Prometeo. p.101
