La naturaleza del olvido: escribir para darse asilo en la experiencia 

Por Rossina Yuliani
Edición al cuidado de Diego Nin y Maximiliano Diel


Escribir lo que vivo y vivir lo que escribo a veces se alinean,
al punto de convertirse en un mismo acto. 

Emilio Rodrigué

“Lo dramático de mi vida es un caso”, nos anuncia Tomás Pal (2025) al comienzo de su libro La naturaleza del olvido. Apuntes sobre una experiencia psicoanalítica. Recientemente publicado por Coloquio de perros, es un libro que oscila entre la “autoetnografía” y la “novela de formación”. Narrado en un único plano secuencia (Stolkiner, 2025), el texto se arriesga a la escritura de una experiencia psicoanalítica. 

Al igual que Freud (1901/1991) en Psicopatología de la vida cotidiana, Tomás Pal toma como punto de partida el olvido de un nombre propio: el apellido de una persona que atendió en la época de su residencia, en un lugar donde “se tomaban pacientes” como “si se tratase de brebajes o infusiones, cuando no eran sino los remanentes del mundo” (p. 22). Un apellido que sobrevive detrás de la bruma. “Hay olvidos que uno no puede lograr olvidar” (p. 21). ¿Qué nos invitan a escribir los olvidos si los escuchamos? Como nos sugiere su autor: tal vez lo averiguemos escribiendo. 

¿Cómo escribir una experiencia psicoanalítica? ¿De qué está hecha? La naturaleza del olvido despliega sus múltiples capas: su práctica como analista, sus vivencias del propio análisis, las peripecias de la formación universitaria, los grupos de estudio, lacantinela, la residencia y el hospital. Pero también, las lecturas y la escritura, su práctica como editor, la coordinación de los laburatorios clínicos, e inclusive, fragmentos de la historia personal —el famoso extra-texto de René Lourau (1989)—. En definitiva: la vida, donde es posible una experiencia psicoanalítica.

Henri Matisse (1910). La Danse

A partir de este ejercicio —la escritura es “una gimnasia” o tal vez, un músculo que se le olvidó a la anatomía—, el libro se incorpora al herbario de experimentos y permutaciones de las escrituras clínicas. Su exploración narrativa nos recuerda el gesto lúdico e íntimo de la escritura de Emilio Rodrigué. Un libro que guarda simpatía por los diarios y testimonios de análisis, así como por la escritura de los problemas prácticos, muy cercano a la Novela clínica psicoanalítica de Fernando Ulloa. 

Tomás Pal ensaya un modo de archivo y transmisión, exponiendo sus errores, desafíos y reflexiones con una honestidad poco frecuente. Se detiene en lo que llama “los problemas mudos del psicoanálisis” (p. 45): los inicios de la práctica analítica en condiciones precarias y precarizantes; la desesperación por tomar pacientes y el temor a perderlos —con todas las inversiones de la demanda que ello implica—; atender con la preocupación constante por los ingresos; la cuestión del pago y sus variaciones según “la edad, el prestigio y el pudor” (p. 122); los análisis interminables; el valor de las entrevistas preliminares y las derivaciones como acto clínico. También la interpelación por el controvertido oficio del psicoanálisis en instituciones (Ulloa, 2024), las dudas y desconciertos que se suscitan frecuentemente entre residentes, como el autor ilustra en el siguiente recuerdo: “Me acuerdo en el hospital, acompañando a un paciente a comprarse un pancho, de preguntarme en silencio: ‘¿Esto es psicoanálisis?’” (p. 53).

El acento en la práctica y su relación con la teoría se nos advierte ya en el epígrafe, a través de la cita de Howard Becker: “Use la bibliografía, no deje que la bibliografía lo use a usted”. Preocupación por los modos muertos de la teoría, por la repetición vacía. “¿Qué sucede cuando las respuestas de una generación se convierten en los axiomas de la siguiente?” (p. 29). La apuesta es no olvidar que formarse “consiste en apropiarse de problemas antes que heredar respuestas” (p. 27). En el libro se presenta una incesante búsqueda por otros modos de producir y pensar en psicoanálisis. 

¿Cómo evitar la academización de la teoría, la romantización de la experiencia y la protocolización de la práctica? ¿Cómo mantener al lector en el suelo vibrátil de la práctica de una ética y de la política de una práctica? ¿No es un modo auspicioso de pensar el trabajo cotidiano? (p. 52). 

Pensar a partir de los problemas que se nos presentan, sin caer en ninguna impostura. Usar la afectación de nuestras prácticas como orientación, las sensaciones del cuerpo. Escribir ya no como un outsider, sino siguiendo el consejo de Ann Cvetkovich, escribir inside” (p. 67), desde adentro. Recordando la crisis de un joven que atendió en el hospital —“El episodio de excitación más grave que presencié. La locura imparable de alguien cuerdo” (p. 22)— y su posterior fallecimiento, el autor admite que nunca se recuperó del todo: “Que la experiencia me había astillado el corazón, lo noté tiempo después” (p. 25). Así se despliega una exploración, la construcción de un remanso con jardín, en la que se escribe para darse asilo en la experiencia. Porque escribir también nos ampara y nos ayuda a sobrevivir. Como dice Gloria Anzaldúa (1980): “el acto de escribir es el acto de hacer alma, alquimia”, nos permite alcanzar “el corazón de las cosas” (p. 282). 

A medida que el texto avanza, Tomás Pal nos muestra la “cocina” de su escritura, donde sus notas tomadas a diario funcionan como vigas entre los pinos. 

Revisando la progresión de notas que comencé hace años, me descubrí furioso. También noté que mis preocupaciones fueron cambiando hasta encontrarme enfocado por entero en mi práctica y las razones de su fracaso. Cambió el texto. Cambié yo (p. 25). 

Tomar notas para contar historias, analizar la implicación, abonar la escritura o volver. Los apuntes funcionan como una terceridad que construye un margen de extrañamiento. 

Grete Stern (1949). Dream #7, Who Will She Be?

La vida transcurre y el autor nos cuenta que hace un tiempo vive en el bosque, en una casa que construyó de manera intempestiva durante la pandemia. “Se me presentó la oportunidad única de levantar un mundo dentro de un mundo y no lo dudé” (p. 75). La construcción de su hogar y de su libro se mezclan, hasta el punto de confundirse y ser la misma cosa.

Armé un compost en la esquina noroeste de la casa, donde tiro las sobras de los vegetales y las frutas secas. No puedo parar de tomar nota. No quisiera desperdiciar nada. Es como diseñar una casa pensando en los muebles. ¿Qué forma darle al interior? ¿Cómo construir un espacio desde la nada? (p. 78).

Del mismo modo que escribir le revela asuntos insospechados, su jardín toma rumbos inesperados. 

El terreno quedó arruinado por los desechos de la obra que se mezclaron con la arena. Me propuse recuperarlo hasta convertirlo en el médano frondoso que me cautivó. “Me conmueve lo que no me pertenece”, dice Sara Ahmed. Hay un eco de eso en la desazón que siento al ver la tierra alambrada (p. 77).

El bosque se pliega a la experiencia de la escritura como una inteligencia. Del mismo modo que en el lenguaje de las flores, práctica muy popular en otro tiempo, se hacía hablar a las flores para decir lo que no podía decirse de otra manera —ramos parlantes, diccionarios florales y toda clase de tecnologías de una poética botánica— aquí se hace hablar al jardín, como un ecosistema en el que se encuentran otros modos de decir. El dibujo de una reposera en la tapa del libro nos recuerda la preferencia de Sylvia Plath (2019) por el estar horizontal, que es para ella estar en conversación: “entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí”. 

Claude Monet (1916). Nenúfares.

De manera constante a través de su texto, Tomás Pal nos acerca varias de sus ideas sobre la lectura y la escritura. Y nos dice cosas preciosas, como que “leer es hacerse preguntas con los ojos” (p. 66) o que podemos leer como “esponja, rastrillo y antena” (p. 82), o que quizás “sea el libro el que lo lee a uno” (p. 32). Escribir, entonces, para armar un asilo frente a las experiencias que nos astillan el corazón, para pensar los problemas prácticos, para darle espacio al tiempo. 

La naturaleza del olvido. Apuntes sobre una experiencia psicoanalítica plantea la urgente tarea de experimentar otras formas de pensar, hacer y escribir en psicoanálisis. La naturaleza del olvido: un libro tan necesario como bello.


Referencias bibliográficas

  • Anzaldúa, G. (1980). Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas. https://elizabethruano.com/wp-content/uploads/2019/03/Anzaldua-2017-Hablar-en-le nguas.pdf 
  • Freud, S. (1991). Psicopatología de la vida cotidiana. En J. L. Etcheverry (Trad.). Obras Completas (Vol. 6). Amorrortu. (Texto original publicado en 1901).
  • Lourau, R. (1989). El diario de investigación. Materiales para una teoría de la implicación. Editorial Universidad de Guadalajara.
  • Pal, T. (2025). La naturaleza del olvido. Apuntes para una experiencia psicoanalítica. Coloquio de perros. 
  • Plath, S. (2019). Soy vertical, pero preferiría ser horizontal. En Abeleira Álvarez (Trad.). Literatura Random House. 
  • Rodrigué, E. (1987). Ondina, Supertramp. Sudamericana.
  • Stolkiner, A. (2025). Prólogo. En Pal, T. La naturaleza del olvido. Apuntes para una experiencia psicoanalítica. Coloquio de perros. 
  • Ulloa, F. (2024). Novela clínica psicoanalítica. Historia de una práctica. Zorzal. 

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